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Aitites y amamas que cuentan

  • Amama, en la ikastola hay un niño que ha venido de Ucrania. ¿Me cuentas otra vez eso de que tu también fuiste refugiada?
  • Sí, claro, maitia. Tenía 18 años y estalló la guerra. Hice la maleta y cogí un barco hacia la Bretaña francesa. Muchos de los que salimos de Bilbao, íbamos a refugiarnos allí. En el barco nadie hablaba. Estábamos tristes por dejarlo todo y por no saber lo que nos iba a deparar el futuro. Al tiempo, cuando nos enteramos de que la cosa se había calmado en “casa”, decidí volver. Pero lo hice por Cataluña, y con mi amiga Mari, la de Abando. – ¿sabes quién te digo, verdad?
  • ¡Claro amama!, ¿le conociste allí? ¡Ostrás!

La inflación, la migración, la guerra… Ucrania ha abierto heridas y vivencias que parecía que no iban a volver a Europa. Y, cuando la historia en mayúsculas se repite, las personas mayores recuperan su propia historia y su voz. Son memoria histórica viva y, de pronto, captan la atención de sus allegados.

Porque, acuciados por cierta falta de empatía y algunas dosis de edadismo, es frecuente que cuando el aitite o la amama cuentan a sus nietos y nietas –e incluso hijos e hijas – algo que no han vivido, piensen: “Ya está de nuevo con sus historietas, con sus batallitas, que parece que lo ha vivido todo, que todo le ha pasado”. En una época en la que a golpe de click Google o la Wikipedia se resuelven nuestras dudas, la sociedad no valora a las personas mayores como fuente de información.

Sin embargo, hay un conocimiento que no nos puede devolver Internet: la historia de escala humana, esos detalles vividos, esas experiencias en las que se oculta el verdadero aprendizaje. Por eso, cuando la actualidad llega cargada de situaciones que aitites y amamas ya experimentaron, surge el interés por sus vivencias, por la memoria, por aprender.

Desde BBK Sasoiko, Ixone Zubieta recuerda que “como sociedad, es sumamente importante que valoremos las vivencias de las personas mayores y que éstas se transmitan de generación en generación, porque eso es memoria histórica. Además, para un nieto o una nieta, poder compartir con sus amamas y aitites momentos, es también fundamental, le aporta muchísimo, entre otras cosas, cariño, raíces, perspectiva…” Y es que las personas mayores, que ya están en un momento de su vida mucho más relajado, saben apoyar a los de su alrededor de una forma constructiva y cercana, desde la experiencia, dejando que la otra persona tome sus propias decisiones libremente, sin imponer, desde el respeto.

Lamentablemente, parece que cuantas más cosas tienen para contar, menos personas quedan para escucharles. Ixone Zubieta apunta que “se dan muchísimas situaciones de soledad no deseada, y no solo entre personas sin familia. Es frecuente el caso de personas mayores que viven solas y sus hijos y nietos pasan ‘cuando pueden’ en una visita de médico, corta y un poco por compromiso. Los mayores, además no solo no se quejan, sino que les excusan”.

La realidad es que más de 100.000 personas en el País Vasco, viven, comen y sueñan, solas. La pandemia del siglo XXI, dicen. Esta realidad de abandono social es algo que es preciso abordar porque, de lo contrario, deriva en problemas psicológicos como el miedo o la angustia, y el deterioro físico o mental. “Físicamente puedes estar muy bien, pero, a una edad, lo que alimenta el cuerpo y el alma es la actividad, la utilidad, el tener un objetivo, motivaciones que te hagan levantarte de la cama con un cuerpo que quizá ya no responde de la misma manera pero que tiene ganas de hacer cosas, que le mueve la ilusión”.

Atajar las situaciones de soledad no deseada, y crear oportunidades para la participación social activa de los mayores son algunos de los retos que afronta BBK a través del proyecto Sasoiko para personas que han finalizado su etapa laboral, o la va a acabar pronto, o personas que están más liberadas del cuidado familiar y buscan seguir activas, aportar a la sociedad y autorrealizarse. Gracias a las múltiples actividades que ofrece, las personas mayores tienen la oportunidad de vivir nuevas experiencias, compartir las suyas, aprender y establecer nuevas relaciones.  “Queremos una Bizkaia próspera en la que todas las personas sumen, porque todos tenemos algo que aportar, y los mayores mucho más”.