19 octubre, 2026
Menos es más: cómo ser sostenibles con nuestro armario.

A finales de los años ochenta, cuando el prêt-à-porter dio paso al fast fashion, nuestra relación con la ropa cambió radicalmente. Teníamos la posibilidad de estrenar algo casi cada día, porque la rotación era inmensa y los precios muy bajos, y no éramos conscientes del daño real que le estábamos causando al planeta con ese consumismo desenfrenado.
Pero hay cosas que podemos hacer para revertir esta situación. La industria de la moda es una de las más contaminantes del mundo. Analicemos los porqués y cómo, mediante un consumo inteligente y responsable, podemos vestir de manera más sostenible.
Miles de kilómetros para llevarla una vez
Estamos más que acostumbrados a ver en las etiquetas de nuestra ropa la expresión «made in», seguida de un país lejano al que probablemente nunca hemos ido. Si nos paramos a pensar en el recorrido de una prenda, nos daremos cuenta de que muchas pueden llegar a viajar hasta 20.000 kilómetros antes de llegar a nuestros armarios. El bajo precio que pagamos por ellas esconde el coste ambiental de todo ese trayecto: cuanto más viaja la ropa, más contamina.
Y su camino no acaba ahí. Desgraciadamente, usamos la ropa muy poco: en promedio, entre 7 y 10 veces, y se estima que el 40% de las prendas nunca se usan o se usan muy poco. Y cuando ya no queremos verla en el armario, la tiramos. De hecho, en todo el mundo se desecha un camión entero de ropa cada segundo, que va a parar a vertederos del sur global, lo que convierte la playa de Accra en una inmensa marea de ropa usada o el desierto de Atacama en una llanura llena de montículos de prendas desechadas.
Parece claro que tenemos un problema y que todo empieza por la primera de las R: reducir. Tenemos que comprar menos ropa y usarla más. Para no aburrirnos de las mismas prendas, podemos renovarlas cosiendo, pintando o transformándolas, pero tirarlas debe ser siempre la última opción.
El agua escondida en una prenda
Fabricar ropa necesita muchísima agua, y cuando decimos muchísima, es que hablamos de una auténtica barbaridad. Una camiseta requiere unos 2 700 litros, lo equivalente al agua que bebe un niño o una niña durante 4 años. Un pantalón vaquero necesita unos 7 500 litros, o más de 60 bañeras llenas hasta el borde. Es decir: si hoy te has puesto una camiseta, unos vaqueros, unos calcetines y ropa interior, llevas encima más de 10 000 litros de agua. Reutilizar una prenda es, por tanto, como cerrar el grifo cuando te lavas los dientes: absolutamente necesario.
También importa saber de qué están hechas las prendas que llevamos. Los materiales derivados del petróleo (como el poliéster, el nailon o la lycra) pueden tardar más de 200 años en desaparecer de la faz de la Tierra, mientras que los naturales, como el algodón, se biodegrada de manera natural entre 1 y 5 meses.
Tomar consciencia
La etiqueta de una prenda nos dice de qué material está hecha, en qué país se fabricó y cómo debemos lavarla. Leerla nos ayuda a cuidarla mejor, a hacerla durar más y a saber exactamente qué estamos comprando, porque recuerda que la ropa no la hacen solo las máquinas. Intervienen agricultores y agricultoras, costureras y costureros, transportistas y vendedores. Personas reales, a menudo con condiciones de trabajo muy distintas de las que disfrutamos aquí. Recordemos que cuando compramos ropa, también apoyamos una forma de producir y trabajar.
¿Y qué más pasos podemos dar para reducir el consumo de ropa? Por ejemplo, lavarla con agua fría. Este gesto ahorra tanta energía como la que se necesita para mantener el televisor encendido durante todo el día. Además, no lavar si no hace falta y secar al aire libre contribuye a ese ahorro energético, pero también a prolongar la vida útil de cada prenda, sin que se estropee innecesariamente.
Otra idea es organizar intercambios de ropa con amigos y amigas o en mercadillos. Es una excelente excusa para veros, pero también para alargar la vida útil de las prendas que ya no quieras seguir usando, evitar compras nuevas y reducir los residuos.
Cada persona, mayores y peques, puede marcar la diferencia. Cuidar la ropa, reutilizarla, donarla y comprar menos, pero mejor, son acciones al alcance de todo el mundo. Al fin y al cabo, ¡la ropa más sostenible es la que ya tenemos!