A las puertas de la Navidad

Se acercan esas fechas tan señaladas, amadas y odiadas a partes iguales. Quienes las aman y las disfrutan tienen elementos y motivos que les anclan en ese sentimiento de felicidad, de convivencia, de compartir. Quienes las odian, por muy diversos motivos y razones, han perdido esos puntos de anclaje con la felicidad del momento. En muchas ocasiones debido a las circunstancias inexorables que provoca caminar por esta vida. Pero es importante volver a encontrar las motivaciones que nos hacen regresar a los sentimientos de felicidad. La capacidad de resiliencia, de superación y la colaboración de quienes nos rodean serán cruciales para todo ello.

Pero si que es verdad que las fechas de Navidad, del solsticio de invierno, como cada uno quiera referenciarlo, son fechas de relaciones. Y sobre todo de relaciones intergeneracionales. Son, una oportunidad muy especial de hacer: de hacer familia, de hacer amistades, de hacer compartir experiencias que en otros momentos no serían tan naturales de provocar.

Hace pocos años, aunque con esto de la pandemia perdamos la perspectiva temporal, salió un anuncio en el que una familia reunida en torno a una mesa recibía de una voz en off, una pregunta vinculada con información de tipo familiar de alguna otra persona presente en la mesa. Preguntas del tipo ¿Dónde se conocieron tu padre y tu madre? ¿Dónde se casaron tu abuelo y tu abuela? Etc. Quien no sabía o erraba en la respuesta, debía abandonar la mesa.

Ese anuncio, tan significativo, ponía su acento en el ámbito de la familia a profundizar en las relaciones intergeneracionales. En saber más sobre las personas que te rodean, sean o no familia. En conocer y en aprender de sus experiencias pasadas y presentes. En saber y en mostrar interés e importancia por las cosas de los demás.

Olvidémonos de los tópicos de “es que mi cuñado…”, “es que mi suegra…”. Las navidades, al igual que debieran de ser otros muchos momentos del año, han de ser momentos felices, momentos de compartir y de vivir en común.  Porque envejecer no es malo si se sabe hacer bien. Envejecer es vivir y vivir siempre es algo grande, algo con valor. En estas fiestas acordaros de hacer los momentos familiares amigables con las personas de mayor edad. No se trata de hablarles a gritos, ni de tratarles de manera infantil. Se trata de hacerles partícipes en todo momento del hecho de estar ahí, junto a ti, junto las demás personas. Se trata de ser familia, de ser comunidad.

Fechas mágicas para los y las más pequeñas de la familia. Fechas especiales para las personas adultas mayores de nuestro entorno.