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Peinar canas, nuevo sí­mbolo de empoderamiento de la mujer madura

En los últimos tiempos, hay una etapa vital de las mujeres que, afortunadamente, ha sufrido una transformación drástica “para bien”: la madurez. Mientras que antes, en muchos casos, estos años se viví­an como un camino hacia la invisibilidad laboral y personal, en la actualidad la mujer madura viene pisando fuerte. Y tiene mucho que decir y que hacer.

La independencia económica, el retraso de la edad de jubilación, el buen estado fí­sico y mental de la mujer madura y el empoderamiento derivado del auge del feminismo son algunos de los factores que han contribuido al cambio de estatus. La sociedad actual reconoce, por fin, que las mujeres pueden llegar a la madurez activas, con ideas, con ganas de continuar viviendo una nueva etapa cargada de oportunidades. Las canas, que cada vez más mujeres lucen con orgullo, son la metáfora de toda una declaración de intenciones.

Todaví­a queda mucho por hacer, pero es innegable que ha habido una evolución, un avance en la visibilidad de las mujeres maduras, con referentes inspiradoras llenas de talento que encabezan una lucha trasformadora. Mujeres con una gran capacidad profesional y personal que, tras una larga carrera en la que han conseguido numerosos logros, llegan a este escalón vital muy activas, con proyectos singulares que ayudan a seguir construyendo la sociedad del futuro.

Son muchos los ejemplos en nuestro entorno más cercano. Es el caso de la escritora Toti Martí­nez de Lezea  (Vitoria, 1949) que cuenta con más de 50 tí­tulos a sus espaldas. Indiscutiblemente, su gran labor como escritora, con novelas como “Nur y el templo del dragón”, que han llegado incluso a la gran pantalla, ha hecho que se convierta en todo un referente para muchas personas. Pro además de su reconocida capacidad para la escritura, destaca por su labor como traductora profesional, guionista o actriz.  Hoy en dí­a, disfruta de la madurez sin renunciar a grandes proyectos profesionales.

Pero Toti no es el único caso. La antropóloga Teresa del Valle (San Sebastián, 1937), distinguida en el año 2010 con el Premio Emakunde a la Igualdad por su trabajo de investigación y divulgación de la realidad de las mujeres, y Premio Eusko Ikaskuntza 2018 por el currí­culo más destacado de Euskal Herria en las áreas de Humanidades, Cultura, Artes y Ciencias Sociales, es otro claro referente dentro de las mujeres maduras. Teresa, Licenciada en Geografí­a e Historia y Doctora en Antropologí­a, fue la primera persona que impartió Antropologí­a Social en la UPV/EHU y la primera persona catedrática de Antropologí­a Social de dicha universidad. Ha desarrollado sus investigaciones en el Paí­s Vasco, Micronesia, Hawái, México y Norteamérica. Además, ha sido directora del Seminario de Estudios de la Mujer y ha escrito varios libros. En la actualidad es catedrática emérita en Antropologí­a Social de la UPV/EHU y vicepresidenta de la Sociedad de Estudios Vascos-Eusko Ikaskuntza por Gipuzkoa, socia de honor de la Academia de las Ciencias, Artes y Letras (JAKIUNDE) y pertenece al consejo asesor de Innobasque. Ahí­ es nada.

La lista continúa con  otros referentes de madurez activa de mujeres pertenecientes a generaciones con una educación tradicional, menos igualitaria, pero que rompieron techos de cristal, como la empresaria Amaya Telleria Altuna (Elgeta, XXX), distinguida como Mejor Empresaria Vasca 2013 por la Fundación Empresa Vasca y Sociedad; la periodista Txaro Arteaga (Donostia, 1944), que desde 1963 trabajó en Herri Irratia, y entre 1988 y 2005 fue directora de Emakunde; la economista Mª Carmen Gallastegui Zulaica (Bergara, 1945)

consejera de Economí­a y Planificación del Gobierno Vasco y presidenta de la Comisión Ejecutiva de Ikerbasque, con galardones como el Premio Nacional Lucas Mallada en 2005 y el Premio Euskadi de Investigación en 2006; o la artista Mari Puri Herrero (Bilbao, 1942) creadora del conocido personaje festivo de Bilbao, Marijaia, y que ha realizado numerosas exposiciones individuales en el Museo Vasco de Arte Contemporáneo Artium de Vitoria-Gasteiz, donde se conserva su pintura “Campa”.

Todas ellas son mujeres que, además de lograr desarrollar una exitosa carrera profesional, han trabajado en la transmisión de valores como la igualdad y el esfuerzo, al margen de la edad y el género. Referentes de cientos, miles o millones de mujeres que hoy en dí­a llegan a esta etapa de madurez y continúan desarrollándose personal y profesionalmente. Mujeres activas, dispuestas a conquistar nuevos proyectos de forma paralela a su situación personal, con experiencia y vitalidad, que no quieren que su camino finalice simplemente por la edad que tienen. Una nueva forma de entender y pensar que replantea la madurez.

Y la deuda que la sociedad tiene con todas ellas es reconocer su labor, tanto la que han hecho a lo largo de su vida como la que continúan haciendo a dí­a de hoy, dando valor a que las mujeres quieran vivir su madurez de forma activa, mostrando su potencialidad, dejando atrás un histórico muy diferente. Este compromiso de la sociedad para con las mujeres maduras contribuirá sin duda al empoderamiento de las nuevas generaciones en el futuro, porque al final, las llamadas “etapas vitales” pertenecen a una carrera, la de la vida, que nunca deberí­a contar con lí­mites para quien quiere vivirla. Así­ que, más allá de los ¿50? Extendamos alas, y luzcamos canas, con orgullo.

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